“Tu cuerpo ya lo sabía antes de que tú lo entendieras”

Hay algo que casi nadie te explica y que, cuando lo entiendes, cambia muchas cosas.

ARTE Y MÚSICA

Egone

2/3/2026

Hay algo que casi nadie te explica y que, cuando lo entiendes, cambia muchas cosas.

Tu cuerpo entiende antes que tu mente.

Antes de que puedas poner palabras.

Antes de que lo razones.

Antes incluso de que seas consciente.

Y no es algo espiritual ni intuitivo.

Es biología.

El cuerpo está diseñado para detectar peligro, seguridad, tensión o calma en milisegundos.

Mucho antes de que la corteza prefrontal —la parte del cerebro que piensa y analiza— entre en juego.

A nivel neurocientífico, esto tiene sentido.

Las señales corporales viajan primero por circuitos rápidos, automáticos, ligados a la supervivencia.

La mente racional llega después, intentando construir una historia coherente.

Por tanto, hay una idea muy extendida que dice que primero entendemos las cosas y luego reaccionamos. Pero la realidad es justo al revés.

Primero reacciona el cuerpo.

Después, la mente intenta entender qué ha pasado.

Esto no es una opinión moderna ni una intuición emocional.

Es algo que la ciencia y la historia del conocimiento llevan tiempo describiendo, aunque durante siglos no se le haya prestado demasiada atención.

Durante mucho tiempo se pensó que la mente racional era el centro de todo.

Que el ser humano decidía, analizaba y luego actuaba.

Pero esa visión empezó a romperse cuando se empezó a estudiar el sistema nervioso en profundidad.

Hoy sabemos que el cuerpo cuenta con sistemas de respuesta extremadamente rápidos, diseñados para la supervivencia.

Mucho antes de que la parte del cerebro encargada del razonamiento consciente entre en acción, el cuerpo ya ha evaluado la situación.

A nivel neurológico, esto tiene una explicación clara.

Las señales sensoriales no siguen un único camino hacia el “pensamiento”.

Muchas de ellas pasan primero por estructuras más antiguas del cerebro, vinculadas a la emoción, la memoria y la reacción automática.

Dicho de otra forma:

el cuerpo no espera a que la mente opine.

Esto explica por qué reaccionamos físicamente antes de poder explicarnos nada.

Por qué el pulso cambia.

Por qué aparece la tensión.

Por qué algo nos da calma o rechazo sin saber muy bien por qué.

Históricamente, esta idea ya estaba presente en muchas corrientes filosóficas y médicas antiguas, aunque no se expresara en términos científicos.

El cuerpo siempre fue visto como un sistema de señales, no solo como un vehículo de la mente.

La diferencia es que hoy podemos medirlo.

Podemos observar cómo el cuerpo registra información, aprende patrones y responde de forma automática mucho antes de que la conciencia construya un relato.

La mente es lenta, comparada con el cuerpo.

Necesita lenguaje, lógica, tiempo.

El cuerpo aprende por exposición, por repetición, por experiencia directa.

Por eso muchas veces sabes algo con el cuerpo antes de poder decirlo con palabras.

Y no porque seas irracional, sino porque estás funcionando exactamente como está diseñado el ser humano.

La mente no dirige todo.

Interpreta lo que el cuerpo ya ha vivido.